Rafael Puente
Parece que el señor Sánchez Berzaín, ministro de
Defensa durante la "guerra del gas” (y hoy refugiado en Estados
Unidos), se ha atrevido a escribir una crítica (que estaría enviando incluso a diferentes
gobiernos de la región) sobre la falta de democracia en Bolivia y sobre el
carácter dictatorial de nuestro actual Gobierno.
No se trata de discutirle nada de lo que dice,
sino de negarle, precisamente, cualquier papel de interlocutor válido. Sería
difícil encontrar un personaje boliviano que tenga menos autoridad para hablar
de democracia y dictadura, ni de respeto a los derechos humanos.
¿Se recuerda usted a sí mismo, señor Berzaín,
como aquel ministro de Gobierno que en 1995 envió al confinamiento a cerca de
350 ciudadanos y ciudadanas por el horrendo crimen de haber reclamado sus
derechos?
¿Recuerda usted el papel que tuvo en febrero de
2003, cuando murieron 32 personas en La Paz debido al autoritarismo de un
Gobierno que no le reconocía ningún derecho a la sociedad civil?
¿Se acuerda de Sorata, donde en septiembre de
2003, y a cambio de algunos sopapos que recibió su persona, ordenó el
ametrallamiento indiscriminado de la población desde su famoso helicóptero
Lama?
Los sorateños no lo olvidarán nunca, como
tampoco lo olvidarán los pobladores de Warisata, ni los de Llabaya, ni los del
trópico de Cochabamba ni por supuesto los de la ciudad de El Alto.
Y en todos ellos sólo puede producir risa -o la
peor de las cóleras- saber que usted ahora se atreve a hablar de gobiernos más
o menos democráticos.
No olvidamos que usted fue autor intelectual de
una serie de decretos y "planes” (como el Plan República) encaminados a
entregar el control de la población a las Fuerzas Armadas con licencia para matar;
que en aquellos inolvidables meses de septiembre y octubre de 2003, los
militares por cada dos proyectiles de goma llevaban siete balas de guerra (y
aun así tenían que enfrentar el problema de que "se acababa el
parque”).
No olvidaremos los centenares de muertos y los
millares de heridos con los que usted practicaba la democracia, ni la tristeza
de que entre esos muertos y heridos hubieran niñas y madres alcanzadas por
balas mortales cuando estaban en su ventana o dentro de sus casas, como no
olvidaremos a los miles de campesinos que huían despavoridos a los cerros, ni
los muchos que fueron secuestrados ni los que fueron encerrados, sometidos a
golpizas y torturas.
Ni olvidaremos que las camas de los hospitales
no alcanzaban para atender a las víctimas de su gestión ministerial. Nunca
olvidaremos cuál es su democracia, señor Sánchez Berzaín.
También recordamos sus ridículos argumentos
(grupos subversivos, movimientos guerrilleros apoyados desde el exterior) que
sólo demuestran el desconocimiento total que usted tenía de su propio país.
El otro argumento, el de que no se podía dejar a
la ciudad de La Paz sin gasolina, "así sea necesarios tres mil
confinamientos y centenares de bajas”, se desmonta por sí solo, ya que en esta
Bolivia sin usted nadie estaría de acuerdo en cambiar gasolina por seres
humanos.
Tampoco nos cuente que obedecía órdenes, porque
más bien la sospecha es que usted tenía chantajeado a su presidente. No, señor
Sánchez Berzaín, usted no está autorizado para hablar de democracia, como no lo
está el que fuera su presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, ni tampoco sus
principales cómplices, como Manfred Reyes Villa o Jaime Paz Zamora.
Por supuesto que tenemos muchas críticas a
nuestro actual Gobierno, pero quienes tenemos derecho a expresarlas somos
aquellas personas que usted confinó, amenazó, persiguió e hirió, así como los
familiares y compañeras de los muchos bolivianos que usted ordenó asesinar. Y
no nos vamos a rebajar a discutir con usted.
Lo peor que nos ha pasado en estos ocho años ha
sido la represión de Chaparina, pero al lado de la "guerra del gas”,
Chaparina parece un juego de niños. Estamos en total desacuerdo con lo que hizo
el señor Sacha Llorenti, pero tenemos claro que comparado con usted, Llorenti
era un humilde aprendiz. Así que lo menos que puede hacer usted es callarse.
Rafael Puente es miembro del
Colectivo Urbano por el Cambio
(Cueca) de Cochabamba.
Lo peor que nos ha pasado en estos ocho años es la represión de Chaparina,
pero al lado de la "guerra del gas” parece un juego de niños.
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