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viernes, 10 de enero de 2014

Sánchez Berzaín, el demócrata





Rafael Puente
Parece que el señor Sánchez Berzaín, ministro de Defensa durante la "guerra del gas” (y hoy refugiado en  Estados Unidos), se ha atrevido a escribir una crítica (que estaría enviando incluso a diferentes gobiernos de la región) sobre la falta de democracia en Bolivia y sobre el carácter dictatorial de nuestro actual Gobierno.

No se trata de discutirle nada de lo que dice, sino de negarle, precisamente, cualquier papel de interlocutor válido. Sería difícil encontrar un personaje boliviano que tenga menos autoridad para hablar de democracia y dictadura, ni de respeto a los derechos humanos.

¿Se recuerda usted a sí mismo, señor Berzaín, como aquel ministro de Gobierno que en 1995 envió al confinamiento a cerca de 350 ciudadanos y ciudadanas por el horrendo crimen de haber reclamado sus derechos? 


¿Recuerda usted el papel que tuvo en febrero de 2003, cuando murieron 32 personas en La Paz debido al autoritarismo de un Gobierno que no le reconocía ningún derecho a la sociedad civil? 

¿Se acuerda de Sorata, donde en septiembre de 2003, y a cambio de algunos sopapos que recibió su persona, ordenó el ametrallamiento indiscriminado de la población desde su famoso helicóptero Lama? 

Los sorateños no lo olvidarán nunca, como tampoco lo olvidarán los pobladores de Warisata, ni los de Llabaya, ni los del trópico de Cochabamba ni por supuesto los de la ciudad de El Alto. 

Y en todos ellos sólo puede producir risa -o la peor de las cóleras- saber que usted ahora se atreve a hablar de gobiernos más o menos democráticos.

No olvidamos que usted fue autor intelectual de una serie de decretos y "planes” (como el Plan República) encaminados a entregar el control de la población a las Fuerzas Armadas con licencia para matar; que en aquellos inolvidables meses de septiembre y octubre de 2003, los militares por cada dos proyectiles de goma llevaban siete balas de guerra (y aun así tenían que enfrentar el problema de que "se acababa el parque”). 

No olvidaremos los centenares de muertos y los millares de heridos con los que usted practicaba la democracia, ni la tristeza de que entre esos muertos y heridos hubieran niñas y madres alcanzadas por balas mortales cuando estaban en su ventana o dentro de sus casas, como no olvidaremos a los miles de campesinos que huían despavoridos a los cerros, ni los muchos que fueron secuestrados ni los que fueron encerrados, sometidos a golpizas y torturas.

Ni olvidaremos que las camas de los hospitales no alcanzaban para atender a las víctimas de su gestión ministerial. Nunca olvidaremos cuál es su democracia, señor Sánchez Berzaín.

También recordamos sus ridículos argumentos (grupos subversivos, movimientos guerrilleros apoyados desde el exterior) que sólo demuestran el desconocimiento total que usted tenía de su propio país.

El otro argumento, el de que no se podía dejar a la ciudad de La Paz sin gasolina, "así sea necesarios tres mil confinamientos y centenares de bajas”, se desmonta por sí solo, ya que en esta Bolivia sin usted nadie estaría de acuerdo en cambiar gasolina por seres humanos.

Tampoco nos cuente que obedecía órdenes, porque más bien la sospecha es que usted tenía chantajeado a su presidente. No, señor Sánchez Berzaín, usted no está autorizado para hablar de democracia, como no lo está el que fuera su presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, ni tampoco sus principales cómplices, como Manfred Reyes Villa o Jaime Paz Zamora.

Por supuesto que tenemos muchas críticas a nuestro actual Gobierno, pero quienes tenemos derecho a expresarlas somos aquellas personas que usted confinó, amenazó, persiguió e hirió, así como los familiares y compañeras de los muchos bolivianos que usted ordenó asesinar. Y no nos vamos a rebajar a discutir con usted. 

Lo peor que nos ha pasado en estos ocho años ha sido la represión de Chaparina, pero al lado de la "guerra del gas”, Chaparina parece un juego de niños. Estamos en total desacuerdo con lo que hizo el señor Sacha Llorenti, pero tenemos claro que comparado con usted, Llorenti era un humilde aprendiz. Así que lo menos que puede hacer usted es callarse.



Rafael Puente es miembro del
 Colectivo Urbano por el Cambio 



(Cueca) de Cochabamba.
Lo peor que nos ha pasado en estos ocho años es la represión de Chaparina, pero al lado de la "guerra del gas” parece un juego de niños.