
*Vinicius Mansur
Mas de un ciudadano despertó asombrado este jueves al ver que periódicos de los sectores empresariales más influyentes en la sociedad boliviana arranco en su portada con el titular “No hay democracia sin libertad de expresión” en fondo blanco.
Por suerte no fue la totalidad de los medios de prensa ya que su anuncio fue calificado por una gran mayoría como parte del show que estos empresarios, no sus periodistas, nos han acostumbrado, ya que son ellos, más que las bases, los que se oponen a dos artículos de la ley antirracismo.
Hablemos de la Ley, si usted amigo lector en un mínimo análisis de este tema, se dará cuenta que los medios y sus periodistas reducen el debate de la ley a solo dos artículos cuando la integralidad tiene elementos tan importantes para su análisis y su implementación.
Un dato evidente que se quiere reducir una intencionalidad para azuzar el discurso de la libertad de expresión, que, si se lee en la integralidad de la propia ley, en ningún momento se la esta vulnerando!
Y al final ¿de qué libertad de expresión se esta hablando?
Vinicius Mansur es Corresponsal del semanario Brasil de Fato en Bolivia y nos daba esta importante reflexión acerca de la libertad de expresión y que había dicho, a propósito de la ley, que ojalá el debate se abra y no se cierre usando la libertad de expresión como escudo.
“En editoriales y artículos, nadie cuestiona la lucha que es la razón primera de la Ley. También está consensuado que la transformación de la realidad racista y discriminadora necesita de un trabajo de larga duración, de una acción global y no puntual, en uno u otro sector.
Pero, paradójicamente, la prensa pone todo énfasis en el artículo 16 de la norma.
Casi nada se dice o se busca profundizar sobre el artículo 16 que obliga al Estado a implementar políticas de combate al racismo y a la discriminación en todos los niveles del ámbito educativo.
Articulistas se esfuerzan en argumentar como la Ley es incapaz de cambiar la estructura social discriminadora para, entonces, concluir: la ley sólo será eficaz para censurar los medios. Pero ni siquiera critican el hecho de que la incidencia de la Ley sobre el ámbito económico es a lo cual se dedica menos líneas (tres para ser preciso).
Entonces, ¿qué grado de preocupaciones tienen los articulistas con cambios estructurales? Si una acción de largo plazo es necesaria, ¿qué importancia los medios le dan en su cobertura al Plan Nacional de Acción contra el Racismo y toda forma de Discriminación, del cual la Ley es su primer paso?
Mucho se cobra, poco se hace
Los que abogan para si la responsabilidad de regularse de hecho podrían empezar a cambiar, sin necesidad de incidencia externa, mucho de sus contenidos y formas, ya que recae sobre los medios una gran parcela de la responsabilidad por la creación y reproducción de padrones socialmente valorados.
Más que no pronunciar mensajes discriminadores, compete a los medios ser la propia diversidad, reflejada en sus reporteros, presentadores de programas, novelas, películas o, incluso, en la publicidad. Ojo, que no se trata solo de cambio de personajes, sino también del guión que les proponen. Tarea difícil, es verdad. Pero ¿qué esfuerzo hacen los medios en esta dirección?
Frente a tan poco compromiso de los medios en combatir la discriminación y delante de muchos ejemplos de uso de su propio espacio en defensa de su propio interés, ¿qué credibilidad tienen ellos para reclamar para si mismos la responsabilidad de regularse?
Más bien, combatir la cultura de la discriminación pasa, entre otros caminos, por la desprivatización del espacio público, a lo cual el campo mediático ocupa parte importante.
¿Hasta cuándo aquellos que se abogan el derecho de fiscalizar y cuestionar todas las instituciones y esferas de la sociedad – usando incluso una concesión pública para eso, en el caso de radios y teles – seguirán usando la excusa de la “libertad de expresión” para mantenerse blindados a cualquier incidencia externa?, ¿los medios constituyen una entidad situada por encima de todas las demás?
Ya puedo prever respuestas del tipo “nuestra audiencia es nuestro juez”, típica falacia que quiere decir: “Si la gente nos consume, es porque está bien”. Esta falacia, así como la apropiación cínica y tacaña de la “libertad de expresión”, esconde el único principio al cual los medios aceptan ser juzgados: el principio del mercado.
Su postulado, en verdad, es “si la gente nos consume, entra plata”. Al fin y al cabo, el contenido es secundario y la libertad para ganar dinero es primordial”.
Vinicius Mansur* * Corresponsal del semanario Brasil de Fato en Bolivia y especial para La Epoca.