REDES SOCIALES 2

jueves, 28 de agosto de 2014

Una cúpula eclesial hipócrita



Azorados y perplejos nos quedamos todos frente a las declaraciones de algunos jerarcas de la Iglesia Católica cuando la Conferencia Episcopal de Bolivia, CEB, a través de un documento manifestaba que el Gobierno gasta recursos del Estado para beneficiarse electoralmente y compite en condiciones desiguales con los partidos de la oposición.

De un tiempo a esta parte la cúpula eclesial, pero más precisamente el entorno más reaccionario de la CEB, encontró como pretexto a través de documentos, observar la conducta del gobierno, que si miramos el pasado a los gobiernos anteriores, no les tocaron en lo más mínimo alguna acusación de malgastar los recursos del Estado.

La gran herencia que dejó el neoliberalismo es pues por sobre todo, los gastos que efectuaban desde sus presidentes, ministros y funcionarios de alto rango, no sólo en procesos electorales sino también en ese pasado bajo pretexto de recursos privados, se llamaban Fondos de Cooperación consolidados por el Anexo "D" o gastos reservados y que la cúpula eclesial ni se ocupaba en cuestionarlo.

Pero si de moral se trata, al interior de esa cúpula eclesial, ésta no tiene cara para señalar lo que dice en su documento porque desde el propio Julio Terrazas y algunos obispos, que pregonaron identificación plena como opción por los pobres, sin embargo, los vemos siguiendo la línea del lujo y la ostentación, tan igual como los grupos empresariales, oligarcas de esas logias cruceñas que se bañan todos los días en perfume.

Y siguiendo la muestra más hipócrita de sus actos tenemos un sin número de ejemplos en algunos curas, que dejando atrás el modelo de Jesús, les importa un bledo el hambre del pueblo. ¿Cuándo se escuchó decir que sacerdotes u obispos rindieron cuenta de los diezmos que reciben semanalmente? ¿Cuándo escuchamos que esos recursos aliviaron en algo la pobreza en comunidades campesinas o en barrios periurbanos, con sus obras caritativas?

Los curas y obispos como Julio Terrazas siguieron la lógica de los empresarios que se juntaron con las logias cruceñas y clanes para desestabilizar este proceso, por ello andan desesperados de volver a chupar la mamadera que la tenían durante 20 años. Muchos de esos sacerdotes y obispos me recuerdan a aquellos que estuvieron ligados al poder en gobiernos dictatoriales. 


¿Recuerdan al obispo Genaro Prata? En Cochabamba, Prata de origen italiano, cooperó con la dictadura de García Meza, desfalcó a la iglesia local, se robó un millonario lote de joyas de la Virgen de Urkupiña en complicidad con el párroco de San Ildefonso y huyó a Roma tras mantener un tormentoso romance clandestino con una funcionaria del Arzobispado. 


Y es que ya es hora de destapar los grandes vicios y males al que está acostumbrada la jerarquía de la Iglesia boliviana y que los más sencillos de este país, el pueblo humilde al que le llega la homilía dominical con una carga de esperanza, debe conocer en detalle, antes de perder la fe con esas muestras de inmoralidad a su testimonio, exclusión y desprecio, tan igual al que cada día se escucha de ese grupo de oligarcas y sectores de mayor poder económico en el departamento de Santa Cruz.

¿Será que el Cardenal Julio Terrazas sigue asesorando y dando línea a este sector conservador que conspira abiertamente al gobierno y actúa como partido político? ¿Es posible que el nivel jerárquico le haya alejado tanto de los pobres, hasta el extremo de poner en duda lo que se sabe distribuir la riqueza en Bolivia?

¿Se imagina usted Cardenal Julio Terrazas, a Jesús de Nazaret pidiendo pruebas de la existencia de injusticias sociales? Es que si ya los medios privados exprimen a los empresarios para ser sus principales aliados y mentirle al pueblo, el propio Cardenal Julio Terrazas, Monseñor Eugenio Scarpellini, ¿serán a estos que le debemos tener cuidado porque siempre estarán hablando en nombre de los poderosos? 


¿A dónde se fue aquel cura Vallegrandino que defendía a los pobres y que era acusado de “comunista” por los golpistas de los años setenta? ¿Y a la hora del Juicio final, que argumento alegará cuando el Dios Padre le pida cuentas por no haber estado con los pobres, los hambrientos, los enfermos, los inmigrantes y los nuevos esclavos de su pueblo? ¿O será que ya no cree ni el Juicio Final? 


Si hoy Lucho Espinal junto al obispo Helder Cámara del Brasil o el mismo Oscar Arnulfo Romero de El Salvador, estuvieran presentes se indignarían de tener a un hermano como Julio Terrazas, a un Eugenio Scarpellini o a los otros obispos, en medio de su rebaño que están más preocupados de seguir la línea opositora de los candidatos que cumplir la misión de Jesús, trabajando junto al pueblo en tantas tareas sociales. 


Estamos frente a un nuevo enemigo y ese también forma parte de la conspiración contra este gobierno, es la cúpula eclesial boliviana, que de la mano de ese grupo oligárquico con mucho poder económico, de los medios privados y de los partidos más conservadores, tendrá que recoger la lección de los más pobres que están perdiendo la fe por culpa de ese grupo de pseudopastores.


*Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño