*Rafael Artigas
Mover o tratar de remover un conflicto que enfrentó a dos pueblos hermanos, como fueron La Paz y Sucre, es una señal, que ya no toca para este tiempo, las heridas aun no han acabado de cicatrizar y nuestra memoria es tan frágil que el sólo repensar en ese episodio nos golpea el alma.
La presencia de Juan del Granado en Sucre, tuvo un fin específico, hacer cálculos políticos en el proceso preelectoral, con el tema de la capitalidad, y generar así una pugna entre sus propios correligionarios, muchos de ellos paceños que, hace 6 años, avivaron las banderas de “la sede no se mueve”.
Un dato que queda en la retina y en los oídos de los propios paceños es lo de aquel 7 de octubre de 2007, cuando se llevó a cabo la marcha por la sede en La Paz y Juan del Granado era alcalde, éste indicó que la multitudinaria movilización fue una muestra de generosidad al país “porque esta marcha no está defendiendo una pequeña reivindicación sino está al servicio de la Asamblea Constituyente”, dijo.
Y es que la idea por más descabellada que parezca de Juan del Granado, por sí sola nos lleva al escenario de la confrontación, como lo fue el tiempo de la Asamblea Constituyente, que para todos que conocimos de los entretelones, formó parte de un proceso conspirativo desde 2007, porque las fuerzas conservadores cerraron filas en torno a esta consigna.
En la Asamblea Constituyente los representantes del MSM eran absolutamente radicales en defender el hecho de que ni siquiera se ponga en el artículo 6 (de la nueva Constitución) “Sucre capital de Bolivia”, nos recuerdan los propios emesemistas.
Remontarnos entonces a la Constituyente, es volver a mirar un pasado cargado de angustia, de mucho dolor por lo que fue la exclusión, la discriminación, las expresiones más crudas de racismo a los representantes de organizaciones campesinas, indígenas que participaron en ese conclave.
Recordar a la Asamblea Constituyente, es mirar el escenario que, en definitiva no fue el escenario para el debate ordenado de ideas, que respete criterios democráticos, sino un espacio de confrontación de proyectos que provocó, lamentablemente, heridos y muertos.
Aquel episodio no puede ser analizado como hecho aislado. La violencia y los enfrentamientos que sucedieron allá se gestaron mucho antes, meses antes. La Calancha fue el pico central de la violencia y la confrontación, el punto máximo de la violencia que vivió Sucre en noviembre de 2007.
Hubo grupos de choque con un alto nivel de organización y estrategia a la manera de milicias. Esos días actuaron con un nivel de violencia muy alto frente a las fuerzas militares y policiales que estaban presentes, ésos son los hechos que hay que esclarecer.
Sucre no logró las reivindicaciones que buscaba, fueron los grupos cívicos, los sectores más reaccionarios del país que pusieron muchas piedras a la Constituyente. La línea de mando de ese grupo nos lleva hasta Branko Marinkovic. La Unión Juvenil Cruceñista no sólo hizo inteligencia civil, sino que participó en la conformación de grupos de choque.
Informes confidenciales de inteligencia de la Policía corroboraron la versión y sostuvieron que el Comité Interinstitucional de Sucre, había articulado una estrategia para trabar la Asamblea Constituyente, tomar los cuarteles de la fuerza pública y provocar la renuncia del entonces prefecto David Sánchez.
Volviendo a la actitud de Juan del Granado, habrá que decir que, es evidente su desesperación y como está en campaña adelantada lo que busca es pues ganar adeptos para su movimiento, sin medir las consecuencias de lo que puede venir más adelante.
Es una actitud irresponsable y sus efectos pueden derivar en la búsqueda de mayor tensionamiento que a nadie le va bien, ni a los mismos del MSM, ni a otros opositores que, como Rubén Costas, aprovechan de éstos generadores de conflictos para desprestigiar al gobierno.
Pasaron casi 6 años de ese fatídico episodio en la historia boliviana, mucha gente de Sucre, sabe lo que paso, sabe que sus dirigentes traicionaron la causa de la capitalidad y por ello, sabe que ya no oirá nuevas promesas de quienes se arrimaron a las intenciones de logias cruceñas, que como el 2008, trataron de destruir el país, saquearlo, y peor aun dejar en la postergación a sus propias regiones.
Chuquisaca y Sucre en particular ya no se merecen esas dirigencias que se burlaron de un pueblo pujante. Estamos viviendo otros tiempos, y el cambio también llegó a la capital bicentenaria.
*Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño
