*Camilo Katari
La naturaleza de las luchas cocaleras de comienzos de siglo, no han sido enfrentamientos locales, han sido, salvando las distancias, una especie de Vietnam latinoamericano, donde las fuerzas del capitalismo pretendían someter al único movimiento popular organizado y en plena resistencia al neoliberalismo.
Esas fueron las dimensiones de esta lucha. Resulta ridícula la opinión de una diputada pretendiendo comparar los hechos de Apolo con la resistencia en el Chapare.
Estamos en tiempos políticos calientes, en la medida que la popularidad del gobierno queda demostrada y confirma un voto consistente en las próximas elecciones, para Evo Morales que hoy por hoy es un referente mundial, así lo confirmaban las redes sociales en el mundo.
En cambio la oposición boliviana y la que se esconde detrás de diversos denominativos como indignados, librepensadores, resentidos, intelectuales, analistas, y otros adjetivos auto asumidos, se desesperan, buscan todas las oportunidades para ser protagonistas de primera fila y prometen ser la alternativa de reposición del neoliberalismo.
Queda en mi memoria la imagen de un cocalero muerto a balazos empuñando un viejo máuser, símbolo de las luchas campesinas post guerra del chaco. Los enfrentamientos en el Chapare despertaron, una vez más la conciencia popular y fueron el cimiento de la derrota neoliberal.
La característica de la resistencia cocalera no estaba en los cálculos de los políticos profesionales, ni de los derecha ni de los de izquierda, para ambos se trataba de un movimiento sin importancia y que al igual que los mineros serían “relocalizados”, por eso hoy tenemos varios “camaleones” que en su origen tenían el cuerpo, rosado, naranja, naranja-azul, color tierra, negro-blanco y rojo, etc, y se fueron tiñendo de azul-blanco y negro.
Entre los viejos creadores del IPSP se escucha con frecuencia hablar de los “masistas de última hora”, son esos y esas que están volviendo a sus colores originales, demuestran su desprecio al liderazgo indígena y retornan a su discurso de los “instruidos”, hacen gala de sus cartones otorgados por un sistema universitario colonizado.
En el Chapare se volvió a reivindicar las culturas a través de la hoja de coca innegable símbolo del proceso de cambio. Las diferencias de tiempo e historia entre el Chapare y Apolo quedan claras a la hora de realizar comparaciones, por supuesto que la demagogia utilizará la tragedia de Apolo para sus intereses, siempre lo ha hecho, la sangre del pueblo ha servido para cebar el vientre de los oligarcas de todos los tiempos, solamente recordemos la Masacre del Valle del 74 y en los 90, la Masacre de Villa Tunari; hechos diametralmente opuestos de lo acontecido en Apolo.
El desesperado protagonismo de quienes han recuperado su verdadera identidad colonizada, les lleva a tener opiniones políticamente calculadas, no son frases echadas al azar, sino que son elaboraciones precisas, con objetivo y destinatario concreto.
Son buenos tiempos los camaleones toman el color que los delata.
*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino
