REDES SOCIALES 2

jueves, 25 de abril de 2013

DE LA PUERTA DE ALCALÁ HASTA LA PUERTA DEL SOL... Ana Belen y Victor Manuel


Por primera vez en Bolivia, los cantantes españoles Ana Belén y Víctor Manuel se presentarán en el Teatro al aire libre “Jaime Laredo” el martes 30 de abril, en el marco de su gira 2013. 

Convertida en una de las parejas más emblemáticas de la canción española, Ana Belén y Víctor Manuel llevan casi cuatro décadas compartiendo la vida en los escenarios y fuera de ellos. Son dos representantes fundamentales de la canción popular iberoamericana, queridos y reconocidos en toda América Latina. Con sus canciones, los dos artistas que han estado comprometidos con causas relacionadas con la defensa de la paz, los derechos humanos y la no violencia de género. Con el paso de los años, el dúo español sigue teniendo gran arraigo en el público y sus canciones encantan a públicos de diferentes generaciones. 

“Ana aportará su natural frescura, que se trasluce de su rol de intérprete y de actriz, y el encanto de su fina voz. Mientras que Víctor le adosará la energía de su tono áspero. Esta dualidad que los caracteriza en el escenario, es en definitiva lo más atractivo de su propuesta: el placer de escucharlos”, señala una de las gacetillas de prensa sobre la performance que los músicos brindarán en su gira nacional. 

La amplia discografía de la pareja muestra el altísimo nivel de sus registros habiendo grabado canciones de artistas como Pedro Guerra, Pablo Milanés, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Fito Paéz y Miguel Ríos, entre muchos otros. Asimismo, sus giras han sido multitudinarias. 

En esta gira 2013, que también los tendrá visitando Argentina, Uruguay, Chile, Colombia y Nicaragua, Ana Belén y Víctor Manuel realizarán un repaso por su extensa carrera con temas como “La puerta de Alcalá”, “Contamíname”, “Sólo pienso en ti”, “Lía”, “El hombre del piano” y “España camisa blanca de mi esperanza”, además de dar a conocer nuevas composiciones. 

“América Latina ha sido muy generosa con España en momentos muy difíciles y creo que la gente de bien no lo olvidamos”, explicó Ana Belén en una rueda de prensa. 

Ellos mismos, partidarios de la izquierda, estuvieron exilados por unos seis meses en México durante la dictadura de Francisco Franco en España. 

Tras más de 40 años juntos, en la vida personal también funciona así. “No somos una unión temporal de empresas, somos una pareja y eventualmente cantamos juntos”, afirmó Víctor Manuel. 

Aunque ahora la música liga a estos artistas, no fue lo que unió a la pareja cuando se conoció en 1971, confesó ella. 

Ana Belén, que había sido una niña prodigio, cantante a los 10 años, entonces se dedicaba al teatro y Víctor Manuel a la música. 

Les presentó una actriz, amiga común, en un hotel de La Coruña, pero el chispazo entre ellos se dio un mes después durante el rodaje de una película juntos, “y ya vino todo rodado desde entonces”, dijo Víctor Manuel. 

Poco después viajaron a América Latina, un lugar “lleno de dictaduras” en aquella época, que ahora “ha cambiado radicalmente”, explicó el cantante español. 

“Para nosotros es un gozo. América Latina ha cogido las riendas de su destino”, aseveró Víctor Manuel, quien junto con Ana Belén recibieron la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Oficial de Ecuador en Octubre de 2012. 

“Venir a América significa llegar a un sitio muy reconocible. Es un poco volver a casa.” dijo la intérprete española. 

Tras una carrera tan dilatada, la madrileña dijo conservar el ímpetu por una profesión que, según aseveró, le ha ayudado a “entender la vida y el comportamiento humano”. 

Mientras los tiempos han cambiado para mejor para América Latina, han empeorado para la industria musical, que vive una larga crisis, afirmó Víctor Manuel. “Las compañías de discos son náufragos echando botellas al mar para ver si alguien las recoge”, señaló. 

A su juicio, cada vez es más fácil que un joven haga música, pero más difícil que viva de ella, pues a la piratería física, de la venta de discos grabados, se une ahora la piratería por internet, en la que las grandes beneficiaras son las empresas operadoras de telefonía, dijo. 


La música os hará libres 


(Del Blog de Victor Manuel, viernes, mayo 27, 2011) 

Decía Don Quijote “que quien canta sus males espanta”. Se puede ir más cerca: “con la música pueden espantarse algunos males”. 

Desde hace miles de años la música ha sido nuestra fiel compañera.

En la ciudad de Ur (Mesopotamia), cuatro mil años atrás y en escritura cuneiforme, aparece lo que puede asemejarse a un primer apunte armónico. 

Parece que lo que nos ha emocionado a lo largo de los siglos, no ha evolucionado en lo esencial. Nuestro sistema nervioso se parece. Somos distintos porque la cultura, la información, nos han hecho diferentes a los hombres y mujeres que nos precedieron. 

Seguramente cantar es la forma de expresión artística más antigua del ser humano. Si cantas no estás solo, aunque cualquier médico no te recomendará que cantes, te recetará unas pastillas contra la soledad. 

En la medida que la cultura fue evolucionando, las formas musicales también lo hicieron, de la música medieval amanecemos mil años después en la música renacentista que sobrevive hoy esencialmente a través del canto gregoriano, elemento imprescindible aún en las ceremonias cristianas hasta llegar a la plenitud del barroco siglo y medio más tarde. 

Superado el periodo clásico, es con el romanticismo y sus compositores cuando con más transparencia se utilizan la intuición, los sentimientos, la emoción, la “verdad” para llegar al público, aunque el uso y a veces abuso del barroco y el romanticismo en el presente, más accesibles al gran público al menos en nuestro país, ha taponado el surgimiento de propuestas musicales más vanguardistas y de nada nos servirá recordar que hay propuestas que el público acepta hoy y que hace 50 o 70 años no parecía comprender. 

Cierto es que si no tratas de halagar el oído del que escucha, tú como creador o intérprete te enfrentas y al tiempo enfrentas al público a un reto desconocido. Pero la música no ha evolucionado por atender lo que el público demanda sino por los músicos que inventan caminos y sonoridades nuevas. Decía el maestro Pierre Boulez que “no hay que temer no complacer al público si uno está seguro de su trabajo, si uno lo tiene claro será más fácil convencerles a ellos.” 

La música es una y solo para entendernos fácilmente hacemos la distinción entre música culta y música popular, que por simplificar de nuevo, sería la más asequible al gran público, englobando en ese apartado desde el pop a la música de raíz, el folklore, el blues, la música afroamericana, la electrónica, etc. 

Decía Proust refiriéndose a la música popular que “su lugar, nulo en la historia del arte, es inmenso en la historia sentimental de la sociedad.” Proust se perdió muchas músicas populares que ya forman parte por derecho propio de la historia del arte. 

La música vuelve más armónica nuestra psiquis y hasta puede reforzar el sistema inmune. Nos comunicamos a través de ella y con ella somos capaces de expresar nuestras emociones. 


La música es la expresión más democrática del arte. No hay manera de imponerla. Como decía Juan Cueto Alas acerca de las preferencias del público, “cuando la gente dice NO, no hay nada que pueda impedírselo”. 

Con la música solo hay que dejarse llevar y ella sola, se instala en tu disco duro para siempre con la misma facilidad que la olvidamos si no despierta nuestro interés. Ella nos fija en un tiempo, un paisaje, una edad, un espacio, un recuerdo, se instala en nuestra sentimentalidad más profunda…y ahí se queda mientras tengamos un hálito de vida. 

Esa combinación de sonidos y silencios, melodía, armonía, ritmo, es el instrumento artístico más poderoso que ha inventado el ser humano. 

Pero toda formación conlleva sufrimiento. Todos hemos tenido compañeros que estudian poco y saben mucho y otros que necesitan enormes esfuerzos para desarrollar sus estudios. Un músico puede crear constantemente o desesperarse por no encontrar la manera de expresar lo que siente. Puede perseguir una armonía durante interminables horas o escoger una palabra entre miles hasta encontrar la rima. 

Richard Wagner pasó cinco años de su vida sin escribir una sola nota. Mozart, Rossini, producían bajo demanda, a la carta. Cada músico tiene su cocina y no hay regla para oponer la facilidad de Bach al esfuerzo hercúleo de Beethoven. Ambos alcanzan la perfección por caminos diferentes. No se trata de elegir entre inspiración o trabajo. Todos los procesos creativos consisten en inspiración más trabajo. 

La música nos hace libres, tanto al que se acerca a ella buscando la plenitud religiosa como al agnóstico. Decía el maestro Rostropovich: : “La salvación del hombre y la humanidad entera dependen de la belleza y el arte. Es la belleza la que da un sentido a la vida humana. A pesar de los muchos riesgos, el arte y la belleza nos harán libres”. 

Evidentemente el maestro hablaba por todos nosotros con un optimismo histórico digno de mejor causa. Pero si bien parece cierto a estas alturas, que como colectivo el arte y la belleza no nos harán libres, individualmente sí pueden hacernos libres. 

Y voy a referirme a la música no desde el punto del oyente que disfruta y hasta puede enloquecer con ella si no, del estudiante musical en formación, del ejecutante, del compositor, del intérprete para el que la música a veces felizmente se convierte en su medio de expresión y vida. Cada cual con su manera de afirmarse, sus dificultades, su medida del tiempo… porque el tiempo para el creador no existe, él es su propia medida de tiempo. 

Hoy podemos escuchar toda la música que se ha escrito y registrado en un soporte, el acceso es ilimitado, toda está al alcance de un click y esto que podría llegar a ser paralizante, curiosamente se convierte en motor creativo… En este instante preciso, once y pico de la mañana… miles de músicos en todos los rincones del planeta abren la funda de sus instrumentos, piano, guitarra, flauta, violín, etc. con la intención de escribir la melodía que nadie escribió jamás, de encontrar la armonía que dé sentido al universo, de interpretar las Variaciones Goldberg como nadie las ejecutó o recrear la Sonatina de Bartók como al maestro le hubiese gustado escucharla. 

O calientan sus cuerdas vocales para mejorar a Victoria de los Ángeles, Alfredo Kraus o la Callas. O arrancan sonidos a una guitarra eléctrica, una batería, una trompeta, creyéndose por un instante Dizzy Gillespie o Charlie Parker con su saxofón mientras un rosario interminable de músicas y músicos bailan en su cabeza, y de todos ellos puede aprender y confía en superarles algún día. 

Esa fe gigantesca en el poder de la música es la que nos hace libres, capaces de atrevernos a todo. Es un trabajo en el que tan poderoso es el conocimiento como la intuición o la curiosidad, nunca acabas de saberlo todo, es un aprendizaje continuo, toda una vida con sus noches son necesarias para llegar a comprender tan solo algunas cosas. 

Decía Stefan Zweig que “de todos los misterios del universo, no hay ninguno más profundo que el de la creación”. Es un impulso que te saca fuera de ti mismo, “y te instala en tu obra”, no hay nada a tu alrededor más importante que completar lo que puedes llevar, días, meses, rumiando en tu cerebro. 

Ese ensimismamiento es el que impide a los creadores explicar coherentemente el origen de su obra. Más de un compositor, más de un pintor, se ha preguntado al revisar o escuchar alguno de sus trabajos años después: ¿quién ha escrito esto? ¿quién ha pintado este cuadro? ¿he sido yo?, tal es el estado de aislamiento que puede asaltarle cuando crea. El alma del creador tiene algo de insondable. 

Sería una aportación extraordinaria y un manual imprescindible de trabajo que los grandes creadores hubieran dejado por escrito cómo concibieron su obra, qué estados de ánimo le acompañaron a lo largo de esa experiencia, cómo resolvieron las dificultades… Nada de eso encontramos, nadie se atrevió ni se atreve, salvo algún caso excepcional, a dejar por escrito como son esos procesos porque nadie se observa a sí mismo cuando escribe una sinfonía o simplemente una hermosa canción. Nadie sale de sí mismo cuando está instalado en su obra porque ese acto creador lo es todo en ese momento. También Zweig escribía acerca de ese trance y decía medio en broma, medio en serio, que podría parecerse a un impulso criminal: cuando al asesino que acaba de cometer un crimen horrendo le preguntan por qué lo hizo suele responder que no recuerda nada, que no sabe porque lo que ha hecho. 

Nosotros solo dependemos de la música que somos capaces de crear o interpretar. Podemos subir al más notable escenario o plantarnos en una calle con la funda abierta para que el transeúnte deposite unas monedas. Somos los herederos universales de todas las músicas que se han creado. 


Somos capaces de atrevernos con todo porque sabemos que el único obstáculo somos nosotros mismos y nuestras capacidades. Somos privilegiados porque podemos estar toda una vida jugando con un solo juguete de siete notas. Podemos mirar al público y ver una lágrima en el rostro de cualquiera resbalando dulcemente en ese silencio en que puedes levantar tu mirada de la partitura. 


Podemos emocionar, emocionarnos; tender hilos invisibles con nuestros semejantes; ser paño de lágrimas; reivindicar; ayudar; ser alumno a perpetuidad sin dejar de ser maestro; apreciar el trabajo incontestable de un compañero, admirarlo. 

Disculpen el egocentrismo pero esta profesión está llena de gente buena y generosa. Quizá porque la música es la forma de amor más elevada que nos hace soportar lo insoportable o vivir lo invivible. 

Ninguna crisis arrinconó nunca la música. Tampoco ahora ocurrirá. Nunca estará en el desván de los objetos inservibles porque es tan necesaria como el aire que respiramos tantas veces por minuto y porque es tan democrática que solo te ocupa el espacio que tu quieres que te ocupe. 

Esa música tantas veces maltratada, acosada, zarandeada, intimidada, pirateada; utilizada como campo para batallas que nada tienen que ver con ella… Nunca desaparecerá mientras haya vida en la tierra; es poderosamente frágil, imprescindible. 

Disculpen tanto entusiasmo pero esta es la forma de vida más bella que conozco y la manera más libre de vivir. 


¡Viva la música!