Rafael Puente Guardia.
(viernes, 09 de mayo de 2014)
Otra vez las aguas se alborotan por unas insulsas y consabidas declaraciones del señor Sánchez Berzaín, conocido por haber ensangrentado el país el año 2003 (y por su frustración al no haberlo podido ensangrentar mucho más). Al extremo de que autoridades del Gobierno creen oportuno dar reiteradas conferencias de prensa denunciando que desde EEUU, y a través de ese señor, se intenta "derrocar” a Evo Morales (el término "derrocar” no es adecuado si se aplica a un proceso electoral, pero eso es lo de menos). Lo notable es que se le dé importancia a lo que pueda decir o hacer, desde EEUU, ese ciudadano prófugo de la justicia y totalmente ajeno a este nuevo país.
¿Cuál es la novedad, compañeros del Gobierno? ¿Que el otrora hombre fuerte de Goni nos odia hasta la muerte? Lo sabemos de memoria (y además ya no nos asusta, como sí nos asustaba en su momento). ¿Que el Gobierno de EEUU desea con toda su alma que Evo pierda las elecciones? Por supuesto que también lo sabemos, ¿cómo un patrón va a querer el Gobierno de una criada respondona? ¿Que desde el poderoso Norte le aconsejan a la oposición boliviana que busque la unidad? Ninguna novedad, lo vienen haciendo desde hace años, pero además es lo mismo que los propios partidos opositores se vienen aconsejando unos a otros (por supuesto sin ningún resultado).
¿Entonces, a qué viene el escándalo, y el darle importancia a un personaje que en realidad pertenece a la prehistoria? ¿Acaso al temor de que la oposición realmente se unifique? Primero, no hay peligro, una unificación sólo es posible en torno a un proyecto político real, y ese proyecto es justo lo que la oposición no tiene, ¿o no recuerdan las anteriores elecciones? Segundo, aunque por un milagro de la mamita de Cotoca las fuerzas de oposición lograran unificarse, al no tener un proyecto político real -y para este país concreto, que los opositores siguen sin conocer-, no tendrían ninguna opción electoral significativa.
¿No les parece desmesurado alarmar a la opinión pública magnificando unas declaraciones que en realidad nada nuevo significan? ¿No saben que ya en 2006 se reunieron en Trinidad las fuerzas opositoras con el embajador de EEUU y se dividían en dos propuestas diferentes: unos proponían el clásico golpe de Estado y otros la división del país. El embajador, con más experiencia, les decía que ni una cosa ni otra, que lo que había que hacer era desgastar a Evo…
Para que vean, los opositores no le hicieron caso al propio embajador (su papito), sino que intentaron llevar adelante sus propios y absurdos planes, primero el golpe (en 2008), y después la división del país (en 2009), para fracasar en ambos casos. Y paradójicamente ha sido nuestro propio Gobierno el que -a partir de 2010- ha seguido los consejos del embajador, y se ha encargado de desgastarse, tarea en la que sigue empeñado (con el maltrato de pueblos indígenas, con el maltrato de la naturaleza, con la liquidación de la participación social y de cualquier debate interno, con el estancamiento de la producción de alimentos y el acercamiento a los oligarcas del oriente, con el encubrimiento de actitudes brutal o disimuladamente patriarcales y machistas, con el extractivismo a ultranza, y ahora con la nueva ley minera…).
¿No sería más productivo que nos olvidemos de Sánchez Berzaín y de Estados Unidos -no porque no existan, sino porque no constituyen novedad alguna-, y más bien nos preocupemos de no seguir la consigna del "desgaste” de Evo, propuesta por el antiguo embajador? Y eso no por la coyuntura electoral, que en lo fundamental no supone ningún peligro, sino por el futuro real de este naciente Estado Plurinacional, ¿no lo creen así, compañeros del Gobierno?
Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano para el Cambio (CUECA).
¿Entonces, a qué viene el escándalo, y el darle importancia a un personaje que en realidad pertenece a la prehistoria?
