Seguramente mas allá de uno tomó reacciones diferentes al ver la película de Eduardo Pérez Iribarne y con un film que, no solo le falta al respeto a Lucho, sino a quienes son, fueron y seguirán siendo fieles a su palabra y su compromiso.
Rostros de total malestar se evidenciaron en decenas de personas al término de la película que no trataron de ocultar su angustia y su desazón al constatar que, detrás de ese documental, se escondía una clara intencionalidad de su director al poner al descubierto su exacerbado culto a su propia imagen y al narcisismo que nos tiene acostumbrado el P. Pérez Iribarne.
Mas de uno que vio la película, acertadamente me señaló que el cura Pérez al margen de mostrarse como el protagonista del film, “asesinó” por segunda vez a Luis Espinal en este documental porque sepultó las facetas mas ricas y de su mayor testimonio de vida de Luis Espinal a lo largo de su trayectoria.
Y es que, Eduardo Pérez Iribarne, a lo largo de 30 años se da cuenta que, detrás de la figura de Lucho Espinal, ya no existen otros “Luchos”, que asuman real y comprometidamente la causa del evangelio, y que dando testimonio de vida, arriesguen su pellejo hasta “gastar la vida” como lo hizo Lucho por el pueblo”.
Entonces Pérez Iribarne habría creído pues que, al mostrar esa película iba a reivindicarse y por ende encumbrarse como el nuevo “defensor de los más pobres”, y decir que, como “su hermano” él asumiría la defensa de la justicia como el paradigma de las nuevas generaciones desde un escritorio en Radio Fides y como locutor aparentando ocultar su identidad con el “hombre invisible”.
Ya Lucho calificó a este tipo de actitudes como los Prudentes y en sus Oraciones a Quemarropa claramente advertía: “Llamamos prudencia a la seguridad y a la flojera. Llamamos prudencia al no comprometerse, al no arriesgar nada personal. Creemos que con la edad aumenta la prudencia; sin pensar que también aumenta el conformismo”.
¿No será que esto tiene que ver con ese tipo de actitudes poco transparentes y nada creíbles a la hora de apostar verdaderamente por un compromiso serio por la justicia y son, como decía Lucho, cristianos del silencio? “No protestan por las injusticias, porque están esclavizados al Estado por la persecución o por el compromiso, comprados por el miedo o por el oportunismo”.
Quienes conocemos el recorrido del P. Pérez podemos afirmar que nunca vimos con nitidez ni una pisca de asemejarse a lo que Lucho sembró en su recorrido por Bolivia. Al contrario, de la manera más llamativa retratamos a un Eduardo Pérez Iribarne comprometido en los años 90’, con los gobiernos neoliberales junto al ex mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada.
Un periodista e investigador boliviano, Edgar Ramos, en un libro sobre “el análisis al comportamiento de los medios de comunicación”, nos decía que, en 1996 Pérez, “agradeció” en La Paz al ex presidente Sánchez de Lozada junto a 50 periodistas de “la hora del país”, por las “reformas de segunda generación”.
También nos decía que en octubre de 2003, Radio Fides “amplificó un pirateo informático” que decía que, Sánchez de Lozada tenia el 70% de apoyo, y que ese mismo año, despidió al periodista Freddy Morales por hacer una huelga que exigía renunciar a Sánchez de Lozada.
Aquí cabrían otra vez las palabras de Lucho que nos recordaba acerca de nuestra sinceridad, cuando decía: “Somos insinceros. Por miedo a la verdad, controlamos los medios de información; procuramos desconocer la miseria; gritamos ante quienes no piensan como nosotros, para no escucharles. Nos asfixia la insinceridad. La de la hipocresía; la de la adulación; la de la apologética; y la de la demagogia. ¿Qué sentido tiene este miedo de los “buenos” ante la verdad?”
A la película, lo decíamos antes, amputaron las facetas más importantes de toda una vida dedicada a ser fiel a lo que San Ignacio de Loyola exigía de sus seguidores como es el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Lucho lo cumplió en todas sus dimensiones y fue consecuentemente cumplidor del evangelio de Jesús, su maestro.
Los testimonios de varios conocedores de la vida de Lucho en el film, si bien muestran algunas facetas, solo dan una panorámica general de lo que en realidad fue el propio Lucho como: sacerdote, hombre de cine, periodista, defensor inclaudicable de los derechos humanos y sobretodo un hombre íntegro que no economizo su vida, sino que la gastó hasta el último momento de su existencia.
Entonces ¿Cómo no poder explotar esas facetas y dimensiones de un hombre íntegro que es y ha sido referente para todas las generaciones? ¿Cómo no imitar a quien arriesgó su propia vida para escribir una nueva historia en el país que condenó a las oligarquías, a los grupos y logias que trataron de dividir el país, a quienes también Lucho hoy, les volvería a decir como Jesús a los fariseos: Raza de víboras, hipócritas, sepulcros blanqueados?
Y finalmente usted amigo lector, que vio esa película habrá advertido que al final del documental, el P. Pérez Iribarne muestra un aparente llanto, a lado del cuerpo de Lucho, pero un llanto sin lágrimas, una señal más que muestra la actitud nada humana de este film. Más bien fue toda una parafernalia, un show montado, seguramente para calmar su conciencia tras 30 años donde ya no veremos más Luchos Espinales que continúen la tarea de Gastar la Vida por su pueblo.
Y para todos nosotros la lección mas grande que deberíamos recobrar de una película de Lucho y que quisiéramos que culmine cualquier documental, sea su propia frase: “Y si un día nos toca dar la vida, lo haremos con la sencillez de quien cumple una tarea mas”.
*Luis Camilo Romero, es comunicador e investigador para América Latina y el Caribe