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viernes, 27 de junio de 2014

Elecciones y Estado Plurinacional



 Rafael Puente
A raíz de los repetidos problemas que se ha creado el Tribunal Supremo Electoral con el diseño de un nuevo mapa de circunscripciones uninominales -problemas que en lugar de resolverse se están intensificando-, la prensa nos ha vuelto a recordar el tema de las circunscripciones indígenas, en el que no tiene nada que ver el Tribunal Electoral, sino que responde a desgracias más antiguas:
 
Primero, los recortes a la Constitución, generosamente concedidos a los partidos opositores del antiguo Congreso Nacional, y, luego, la llamada Ley Electoral Transitoria, que de manera tendenciosa acabó de burlar -se esperaba que de manera transitoria- el espíritu de la nueva Constitución.
 
¿Cuál era ese espíritu? El reconocimiento incondicional de todo pueblo o nación indígena como sujeto del Estado. Eso quiere decir el término históricamente novedoso de Plurinacional, que se supone es la definición central del nuevo Estado. 
 
Vale decir que todos los pueblos indígenas existentes en nuestro país tienen plenos derechos y garantías -entre otras cosas- a la plena participación política, sea cual fuere su número o su ubicación geográfica. Exactamente la negación y superación del viejo Estado colonial…
 
A la hora de aplicar dicho principio al mapa de circunscripciones uninominales -ese invento tan discutible de nuestra modernidad electoral-, por una parte, quedaba claro que no se necesitaba crear circunscripciones específicamente quechuas o aymaras -de hecho son mayoría indiscutible en muchas circunscripciones-, y, por otra parte, era evidentemente imposible adscribirle a cada pueblo minoritario una circunscripción (a no ser que se multiplicara irracionalmente el número de asambleístas de nuestra Asamblea Plurinacional), cosa que tampoco postulaba la Constitución. Pero tomarse en serio el carácter plurinacional de nuestro Estado implicaba un triple esfuerzo, que a estas alturas está claro que nadie quiso hacer:
 
Primero maximizar las posibilidades de representación real para cada pueblo indígena, teniendo en cuenta su presencia en cada departamento. Sin embargo, la ley se limita a establecer una única circunscripción en cada departamento con presencia de pueblos indígenas menores, lo mismo para Santa Cruz, que tiene seis pueblos oficialmente reconocidos, algunos relativamente numerosos, que para Cochabamba, que apenas tiene dos poco numerosos.
 
Lo mismo para Oruro, que tiene dos pueblos pequeños, que para Beni, que tiene 15 pueblos diferentes (¿tendrán que esperar los chácobo 14 gestiones, vale decir 70 años, para estar representados en la Asamblea Legislativa?), ¡y encima no crea ninguna circunscripción indígena en el departamento de Chuquisaca, que tiene una población guaraní de reconocida importancia y, además, tradicionalmente sometida a la peor situación colonial!
 
Segundo, respetar la unidad real de aquellos pueblos que, debido a los límites interdepartamentales de origen colonial, se encuentran repartidos en varios departamentos (algunos incluso en tres departamentos como el pueblo guaraní, el pueblo tacana y el pueblo yuracaré). No señor, se respetan los límites departamentales -creación colonial- y no la unidad de cada pueblo.
 
Tercero, respetar los usos y costumbres de cada pueblo tal como manda la Constitución, de manera que elijan a sus representantes en asambleas o por rotación, o como sea su propia tradición. Tampoco se respeta eso, los pueblos deberán adoptar la forma occidental -colonial por tanto- de elección de representantes por la vía del voto formalmente depositado en las urnas del Tribunal Electoral (previo empadronamiento y demás condiciones de tipo occidental), tal como se viene haciendo desde la fundación de la república.
 
¿Y a eso le seguiremos llamando Estado Plurinacional? A la hora de las elecciones, ¿cuál vendría a ser la diferencia con el viejo Estado republicano y neocolonial? ¿La mera presencia occidentalizada -y por tanto manipulable- de siete representantes indígenas?
 
Demasiado poco para lo que fue la esperanza constituyente (y también el esfuerzo constituyente). Decepcionantemente poco.



Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

Demasiado poco para lo que fue la esperanza constituyente (y también el esfuerzo constituyente). Decepcionantemente poco.