Se cumplen 42 años del golpe de estado del dictador Hugo Banzer Suarez que marcó un período de conculcación de los derechos humanos y que le permitió al país vivir en zozobra durante siete años en un régimen que se alió con otros dictadores del cono sur.
Cuando el país nos habla de recuperación de la democracia, recuperación de la dignidad, nos suena a encontrar un clima de paz, de respeto a los derechos humanos, sin embargo las huellas de aquel tiempo se mantienen y nos alientan a continuar con ideales perseverantes de no permitir más las dictaduras y forjar la dignidad plena del pueblo.
Estos días removió a la memoria popular el nombre del ex general Hugo Banzer Suarez a raíz de una demanda que se prepara a la familia del ex dictador para la recuperación de bienes y ganancias ilícitas por parte del Ministerio de Transparencia.
Entre los miembros de la familia Banzer con sospecha de enriquecimiento ilícito, están Yolanda Prada Abasto viuda de Banzer, Yolanda Erika Banzer de Suárez y Fernando Remberto Suárez Blacutt, quienes son investigados por la comisión del delito de legitimación de ganancias ilícitas en perjuicio del Estado.
Como se afirma, Banzer no sólo vulneró el estado de derecho en sus siete años, también tuvo que ver en hechos de corrupción hasta ahora, ya que se investiga un proceso penal por el delito de ganancias ilícitas que asciende a 20 millones de dólares por recuperar a favor del Estado.
Como se afirma, Banzer no sólo vulneró el estado de derecho en sus siete años, también tuvo que ver en hechos de corrupción hasta ahora, ya que se investiga un proceso penal por el delito de ganancias ilícitas que asciende a 20 millones de dólares por recuperar a favor del Estado.
Por ello, la recuperación de la dignidad nos debe llevar a plantear la integralidad de esa lucha como la que labró el pueblo que, acallado, vio que muchos gobiernos de facto, asaltaran las arcas del estado, se lleven botines de plata, endeuden al país y por ende desmantelen la economía del país para el enriquecimiento de unos cuantos.
Cuando retratamos la memoria de ese tiempo, me salen nombres, situaciones y por sobretodo a quienes, por cualquier circunstancia, les llegó la muerte. Eso pasó con el sacerdote oblato Mauricio Lefebvre, quien fue alcanzado por un disparo en la intersección las calles Capitán Ravelo y Rosendo Gutiérrez, en la barriada paceña de Sopocachi, en momentos que se aprestaba a auxiliar a un herido de aquella sangrienta represión.
De ese tiempo, hoy, no puedo dejar de mencionar a Lefebvre, ya que en los años sesenta la Iglesia boliviana contribuyó al fenómeno latinoamericano de la Teología de la Liberación colocando como a uno de los gestores desde su martirio y su experiencia con el pueblo a éste sacerdote.
Si bien Lefrebvre, llegó a Bolivia con una posición altamente conservadora de los años cincuenta por influencia de los acontecimientos históricos, hubo fuertes cambios en su propia vida, hasta plasmar su compromiso con las ideas revolucionarias que lo llevó a fundar la carrera de Sociología de la UMSA en La Paz.
Lefebvre tuvo que vivir la experiencia de la dictadura barrientista y las intervenciones violentas de las minas en las que este sacerdote canadiense trabajaba. Coexistió con la Revolución Cubana y su influencia sobre Latinoamérica. Vio el mayo francés de 1968, el movimiento de liberación de los estados coloniales.
Lefebvre se contagió de la efervescencia religiosa causada por el Concilio Vaticano II. En suma, vivió en una época de grandes cambios y tuvo que modificar su comportamiento y su pensamiento para corresponder con ella. Cambió él mismo, aunque manteniendo al mismo tiempo lo esencial, esto es, su fe y una personalidad generosa que lo llevaba a vivir volcándose hacia los demás.
Seguramente al recordarse los 42 años del golpe banzerista, la memoria de Lefebvre será honrada y altamente testimoniada por quienes lo conocieron de cerca y lo acompañaron en sus últimos años. Organizaciones de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional (ASOFAMD) volverán a condenar, como lo hicieron desde 1982, cuando se restauró la democracia y repuso el estado de derecho.
Lo rememorará al mismo nivel que les tocaron a más de 2.126 violaciones a los derechos humanos, en la masacre del Valle, arrestos, torturas, asesinatos, desapariciones forzadas y otras formas de vejámenes contra las víctimas desde 1971 a 1978.
Pero también encontraremos a dirigentes sindicales, universitarios, periodistas en el exilio y a las víctimas de la recurrente militarización de los centros mineros. Estas organizaciones volverán a deplorar el Plan Cóndor, un sistema de inteligencia combinado por las dictaduras en Sudamérica en la década de los '70, además de la instalación de las terroríficas casas de seguridad y los campos de concentración, al tipo nazi, que caracterizaron el gobierno de Banzer.
Pero también encontraremos a dirigentes sindicales, universitarios, periodistas en el exilio y a las víctimas de la recurrente militarización de los centros mineros. Estas organizaciones volverán a deplorar el Plan Cóndor, un sistema de inteligencia combinado por las dictaduras en Sudamérica en la década de los '70, además de la instalación de las terroríficas casas de seguridad y los campos de concentración, al tipo nazi, que caracterizaron el gobierno de Banzer.
Nos llevará a pensar en aquellas alianzas del dictador con la ultraderechista Falange Socialista Boliviana, de Mario Gutiérrez, y el Movimiento Nacionalista Revolucionario, de Víctor Paz Estenssoro, y que el mismo Banzer sucedió en la silla presidencial a su camarada Juan José Torres, asesinado en mayo de 1976 en Buenos Aires por un comando de la fascista Alianza Anticomunista Argentina, la borrascosa 'Triple A'.
Y culminaremos ese recuerdo con algo más glorioso como lo demostraron 4 valerosas mujeres mineras que, a fines de 1977 en diciembre, iniciaron una huelga general en todo el país con apoyo masivo exigiendo el retorno de exiliados y confinados, huelga en la que participó Luis Espinal Camps, Domitila Chungara, una huelga de 21 días que logro su objetivo.
Así se llegaría al nuevo tiempo, de recuperar la memoria para que los hijos de ésta democracia construida con dolor, sangre y luto, nos devuelvan la dignidad cuyo significado se erige en nombre de miles de hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas por hacer realidad esa dignidad.
¡Honor y gloria a los caídos el 21 de agosto y en el septenio banzerista!
*Gastón Núñez, es comunicador y conduce el programa “Memorias de Nuestra América” que se emite en radio.
