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jueves, 21 de marzo de 2013

Lucho más vivo que nunca!



*Luis Camilo Romero 

Se cumplen 33 años después de aquella noche de horror en que Lucho Espinal ponía su cuerpo como ofrenda del testimonio más auténtico de entrega por una causa que él mismo estuvo convencido hasta el final. 

Este retrato a su vida y obras nos ayudará a comprender hasta donde su apuesta no sólo fue un cumplimiento a la misión del evangelio, fiel a su maestro Jesús, sino tuvo un eco y fue semilla que germinó un compromiso liberador en las generaciones de ayer y de hoy. 


Un recorrido con compromiso 

Luis Espinal a su llegada a América Latina, encuentra un contexto político, que es simultáneamente, de una gran desolación, pero también de grandes esperanzas. La ofensiva imperialista, provoca la multiplicación de golpes de Estado de militares de ultraderecha. Los dueños del poder económico nacional y transaccional, vacían las magras arcas de los países y depredan sus recursos naturales. 


Bolivia vivía un período de dictaduras, matanzas, desapariciones y fusilamientos. Desde 1964 gobernaba el país, el dictador René Barrientos Ortuño. En junio de 1967 se produce “la Masacre de San Juan” y en octubre del mismo año el Ejército boliviano asesorado por militares norteamericanos, derrota al Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla dirigida por Ernesto Che Guevara. 


En 1968, año en que Luis llega al país, los sobrevivientes del ELN, organizan el retorno a la lucha armada y el movimiento popular se reúne en torno a la otrora poderosa Central Obrera Boliviana (COB). 


El 11 de junio de 1970, el Estado nacional le concede a Luis Espinal, la categoría de “ciudadano boliviano”, que él había solicitado meses antes. 

Hay otra interesante faceta de Lucho, y es el rol de periodista que, mas allá de aquel hombre apasionado por el cine, cree que el papel de periodista, tuvo gran fuerza en su trayectoria por la defensa de los derechos humanos. 


Lucho Espinal, además de sacerdote, cineasta, un defensor inclaudicable de los derechos humanos, era periodista, pero de aquellos que se diferenciaban de los que conocemos. Basta con leer sus Oraciones a Quemarropa para darnos cuenta del potencial de su palabra en sus textos. 

Como puntal de experiencia en el periodismo centró su trabajo entonces en la radio y la prensa escrita, publicando sus críticas de cine en el matutino Presencia, además de asumir la codirección de Radio Fides donde también tenía un programa sobre cine y otro sobre religión. 


Durante el golpe militar de 1971 encabezado por Hugo Banzer Suárez, Lucho intervino en favor de sindicalistas perseguidos y detenidos, no sólo escribiendo columnas periodísticas sino asumiendo su causa como parte de su labor y miembro de la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia. 


En 1979 se hizo cargo de la dirección del semanario AQUI donde publicaba toda una página dedicada al cine, paralelamente mantenía su columna en el diario Presencia (Actualidad Cinematográfica), hasta que al periódico le resultó 'incomodo' publicar artículos de un periodista que dirigía un semanario con tinte de “izquierda”. 


Entre los papeles que dejó, había un texto inconcluso en el que cuestiona el individualismo del pequeño burgués que pretende constituirse en mártir; “El pueblo no tiene vocación de mártir. Cuando el pueblo cae en combate, lo hace sencillamente, sin poses, sin gestos melodramáticos”. 


En 1980, después de ver una película, la noche del 21 de marzo fue detenido por elementos paramilitares y torturado brutalmente, fue echado en un barrio de La Paz (Achachicala) y posteriormente asesinado el 22 de marzo de 1980 por órdenes del ex Cnel. del gobierno de facto de Luis García Meza, Luis Arce Gómez. 

De su libro Religión se cita una famosa frase que resume la exigencia ética que le costó la vida: "quien no tiene la valentía de hablar por los hombres, tampoco tiene el derecho de hablar de Dios". 


Homenaje 


Pasaron 33 años y en medio de la crisis de esa Iglesia Institución, te hablaríamos de aquel pastor que se auto relegó de su rebaño y se apartó de sus propios hermanos que continúan marginados y excluidos en su propia tierra; ellos que sin territorio y sin nombre, siguen siendo esclavizados por sus propios hermanos y llevan la dignidad de los pueblos en la zona guaraní, ayorea, chiquitana y moxeña. 


Hoy te escribimos con profunda preocupación y trasladamos el sentimiento dolido de todo un pueblo que te reclama que hagas eco de tu palabra, con la fuerza de los que ponen el dedo en la llaga sin temores. 


Necesitamos de tu voz firme y radical que, sin rodeos, señale claramente a los que mancillan la dignidad de tu pueblo y les llame como Jesús a los fariseos de ese tiempo, “hipócritas, raza de víboras, sepulcros blanqueados”. 


Queremos de nuevo tus Oraciones a Quemarropa, que “quemen” la conciencia de quienes le traicionaron a nuestro pueblo, porque tu no fuiste ese cristiano de silencio, como vos mismo les dijiste a aquellos que no se identificaron con nada: “no protestan por las injusticias, porque están esclavizados al Estado por la persecución o por el compromiso, comprados por el miedo o por el oportunismo”. 


Finalmente, al recordar el día de tu partida al lado del padre, te pedimos que vuelvas a dejarnos las semillas de ese Espinal que conocimos, para que brote la esperanza, para que le entreguemos, con nuestro trabajo, lo que tu nos enseñaste: “Y si un día nos toca dar la vida, lo haremos con la sencillez de quien cumple una tarea mas”. 




*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe.