Wilson Garcia Merida.
Publicado en el Periodico los Tiempos 12/2/2012
Nelson Ferrufino-Coqueugniot sugirió leer un artículo del periodista bonaerense Jorge Lanata que parece haber sido redactado en Bolivia y sin embargo habla de una surrealidad argentina tan parecida a la nuestra.
“En la Argentina tratar de pensar en libertad se parece cada día más a un delito; discutir es un verbo que ha caído en desuso: nadie discute, se acusa, se señala, se grita”, escribió Lanata sin gritar.
Y dice el intelectual porteño: “El aparato de propaganda estatal tiene una actitud canina: está vigilante, atento, dispuesto a ladrar ante cualquier intrusión. La Patria tiene copyright, el campo nacional y popular tiene alambrado y los dueños de la verdad ya hicieron la escritura…”.
Está escrito que el poder pudre la sangre y enturbia el pensamiento, el poder en sobre dosis engorda y afea, causa cáncer y disentería, pobla de cerdas las cejas y extravía la mirada. La lógica racionalista que justifica la existencia del Estado para frenar los desbordes apasionados de la Sociedad Civil se torna irracional e irrascible. Por eso el hecho de escribir desde la Sociedad Civil debe ser un antídoto urticante para el poder, como un dedo en la llaga.
Y no se puede conjurar al Gran Leviatán con la escritura grandilocuente, no son las letras de molde que rescatarán el pensamiento crítico y la libertad de expresarla. Es preferible escribir como el Ciudadano K.
El Ciudadano K tiene la misma paciencia de Jah: habla, lee, escribe y alaba la poesía en todas sus formas, porque la emergencia de la belleza es constante y su corazón está a punto de desfallecer: "lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres", profiere K, mirando los rojos ponientes de Culpina K, un pueblito creado por el artista plástico Gastón Ugalde en el desierto de Potosí.
He tomado aquel párrafo de un blog en el cual se incluye una entrevista a Coco Mayorga a propósito de AtaralaratA. El entrevistador es el Ciudadano K, un periodista zapatista en potencia, si fuera periodista, pero no lo es. Es simplemente el Ciudadano K, quien desde de la infancia, coetáneo mío, ha fracasado en todos los menesteres humanos, también en el acopio de la sabiduría. “No ha sido un mediano escolar ni siquiera un bachiller meritorio, sino el ser más abyecto y desdichado en esa magia menor que fue practicada por Shakespeare, Catulo y Kavafis... Jamás siguió los pasos de su padre, quien fuera un zapatero remendón, ni los de su madre, quien fuera una nigromante, sino la senda de los antiguos que siguieran Basho, Cavalcanti y Villon entre las armas para derribar dioses ruines y mezquinos, y entre las letras para conmover ángeles y demonios...”.
Si las páginas de la prensa nacional tuvieran más ciudadanos K entre sus colaboradores, los escritos de Lanata se quedarían en la Argentina.
